Probar suerte

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No soy muy amiga de los hoteles. Cada vez que viajo prefiero la casa amiga, el hostel, arrendar piezas en casa de nativos (Airbnb es una buena opción) o también hacer Couchsurfing. Los hoteles generalmente son fríos y sin personalidad, y creo que es más difícil lograr algún tipo de intercambio real con el lugar que estás visitando.

Mi última estadía fue en una morada bastante particular. Era una comunidad en donde vivían argentinos y un carioca.

Todos los trasandinos con los que conviví por dos semanas, habían decidido, por diversas razones, tomar su mochila e irse a ver que pasaba más allá de su frontera. Había uno, que estaba ahí desde el mundial, su novia lo había seguido un par de meses mas tarde. Él trabaja de cocinero en un boliche en Copacabana, ella atendía una de las mejores heladerías del sector (y sí, probé los gelados y eran de otro mundo), caminé cuadras para encontrar la sorbetería, pero no escatimé en hacerlo ya que amo los helados.

Otra del grupo, había llegado recién a la ciudad de la alegría y el calor. Luego de haber terminado su carrera, decidió  vivir en otro país, antes de ponerse a trabajar. Fue así como se mudó a Brasil para tener vida de errante por un par de meses.

El resto estaba de paso, unos chicos querían llegar hasta Colombia. Recorriendo primero gran parte de Brasil, pasando por el norte y la Amazonia. Otro había ya pasado un tiempo ahí, y ahora tomaba rumbo hacia Alemania.

Al escuchar sus historias, su ánimo, su energía de aventura, sentí un poco de envidia. Estaban en el esplendor de sus veintes. Quizás la edad perfecta y más idónea (para la sociedad (?) para el sistema (?)) para hacer ese tipo de arrancadas.

A pesar de eso, aprendí de ellos. De su vitalidad, de sus ganas, de su desprendimiento y despojo. De su alma aventurera, de su sencillez y simpleza, con la que disfrutan y son tan felices. Me inspiraron también a ver desde otra perspectiva la vida. De que, de una u otra forma, estando en otro país- incluso con un idioma distinto- solamente con una maleta a cuestas, se va construyendo un nidito, un hogar,  aunque éste sólo sea de paso y sin importar cuanto dure la estadía.

Aprendí de su apertura, amabilidad y buena onda de estar dispuestos a conocer a nuevas personas. Yo era la única chilena, y fue un gran aporte compartir con ellos y conocerlos.

A veces pensaba, no hice nada de esto en mi vida. ¿Será demasiado tarde? Todos mis veintes me la pasé trabajando y estudiando. Seguí lo planeado, como el sistema lo tiene pensado. Salí de la universidad a los 23, inmediatamente entré a hacer mi práctica y no he parado de trabajar hasta ahora. Han sido ocho años.

Cada cual elige los caminos que quiere tomar. No estoy arrepentida de haber elegido lo que elegí, pero sí siento que ahora hay un deseo de mi alma más interna de liberarse, de vivir sin una rutina implantada por un trabajo con horario de lunes a viernes de 9 de la mañana a 6 de la tarde. No quiero que se me pase la vida encerrada en una oficina y que sólo salga a ver el sol tres semanas al año, en el periodo de las vacaciones. Sólo que se vuelve tan difícil, tomar la decisión de salirse de todo esto.

En el mismo viaje conocí a un compatriota en la playa de Ipanema. Me quedé conversando con él un montón de rato y me di cuenta que no todo estaba perdido, aún me queda esplendor.

Él había decido virarse del país. Había trabajado por bastante tiempo como redactor creativo en las mejores agencias de publicidad que se pueden encontrar en Santiago . Pero se aburrió. Agarró sus cosas y se fue primero a Buenos Aires, y desde hace unos seis meses que está viviendo en Río de Janeiro. Vive de las fotografías que vende en la playa. (Este es su instagram para que conozcan su trabajo) También del trueque, con el que se las ha arreglado para no pagar alojamiento. Hay días buenos y malos, pero también otros muy buenos, como el día en que unos turistas mexicanos le compraron toda la colección de fotografías. Mientras hablábamos me dijo que esto debería haberlo mucho antes.

Creo que cada cual tiene sus propios tiempos. Si es ahora y no antes, alguna razón esconderá aquella decisión. Me alegra haberme topado con estas personas, me mostraron otro lado de la vida. Quizás, quien sabe, le hago caso a mi alma y a ese deseo interno y me decida a probar suerte.

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