Anécdotas

IMG_4951De los viajes lo que más queda son esas situaciones imprevistas que en el momento pueden ser una tragedia griega, pero que vistas con el tiempo son lo mejor que pudo haber pasado y se recuerdan con un gozo en el cuerpo.

Tengo una tía, que recuerdo cuando yo era niña, viajaba bastante y siempre al contar como había sido tenía una “anecdóta” (con el acento en la penúltima silaba en vez de la segunda)

Acá una recopilación de algunas…

Perder un avión

Un total stress se puede convertir en perder un vuelo. En realidad eso no fue tan terrible, sino lo que causó mi atraso. Veníamos de vuelta de San Pedro de Atacama (uno de mis lugares favoritos de la vida) a Antofagasta con el tiempo de sobra para pasar a buscar mi maleta, tomar un té e ir al aeropuerto.
Cuando estábamos a unos 40 kms de la ciudad, algo pasa con el auto. Resultado, rueda pinchada. Nada terrible, se cambia y ya. La tragedia fue que uno de los pernos de la rueda se rodó, no había nada que hacer. Con muy poca batería en nuestros celulares intentamos llamar a una grúa… Y nada… Hasta nos comunicamos con carabineros que nada hicieron por ayudarnos. (Estábamos en la berma con el peligro de que nos pasaran a llevar y morir en el intento)

Mi esperanza de llegar al aeropuerto a tiempo se reducían. Finalmente nos contestó una grúa pero demorarían unas dos horas en llegar. Tuvimos que esperar que llegaran mientras veíamos oscurecer. Finalmente, llegaron casi a las tres horas después. Perdí mi vuelo pero me subieron al siguiente sin ningún problema.

Desierto sin tracción

photo

Lugar de los hechos

Si quieres aventurarte en el desierto más árido del mundo, para no tener problemas es mejor tener una 4×4. Si no la tienes, puedes aventurarte igual pero quedar enterrado en la arena. Eso nos pasó por querer ir a ver unos geoglifos del poeta Raúl Zurita, en la Ruta 5 que une Antofagasta con Copiapó y todo Chile. Desde la carretera había que recorrer varios kms. hacia adentro. No había señalización… Pero seguimos en la búsqueda. El camino estaba bueno, hasta que casi al final, llegamos a una zona en donde estaba más arenoso. Con algo de dificultad pasamos. El problema fue a la vuelta. Con la misma técnica usada en la ida intentamos cruzar el terreno arenoso. Nos atrapó sin dejarnos seguir. ¿Qué hacer? Bajarnos a cavar o quedarnos perdidos en la nada del desierto…

Esa arena harinosa desértica nos hizo quedar como verdaderos empolvados. Cavamos hasta desenterrar una de las ruedas, nuestro amigo al volante hizo una excelente maniobra y logró superar la prueba. Si no lo hubiese logrado, habríamos tenido que caminar cientos de kilómetros hasta la carretera a pedir ayuda. Ya cayendo el día y sin abrigo suficiente, no hubiese sido muy agradable.

La búsqueda de los campings 

Visité la Regiao dos Lagos, al norte de Rio de Janeiro, gracias a que un lindo carioca me llevó hasta allá. Sin mucha planificación él anotó en un pequeño papel algunos nombres y direcciones de campings en Araruama, donde íbamos a pasar la primera noche, y también en Saquarema. Mi misión en el viaje era no perder ese papelito. Cuando llegamos al primer lugar, nos bajamos en el Rodoviario y preguntamos por la calle República de Argentina en donde estaba el camping CCB. Caminamos un montón bajo un intenso calor. Recorrimos casi toda América buscando Argentina, ninguna calle coincidía. Preguntando y preguntando y después de haber caminado un buen rato, logramos dar con la calle. ¡Felicidad! Sin embargo, algo no parecía estar en orden. La puerta de entrada estaba abierta, el pasto estaba seco, casi a la altura de mis rodillas. ¡El camping estaba abandonado y deshabitado! Entramos a inspeccionar el lugar y a  hacer un reconocimiento de territorio (que lo hizo más bien él mientras yo pensaba… ¿habrá posibilidades de acampar acá? ). Resultado: pasamos la noche ahí.  Ha sido una de las mejores experiencias de mi vida.


Al día siguiente partimos hacia Saquarema. Esta vez con la esperanza/deseo de que encontraríamos un buen camping en donde dormir y darnos una ducha. Llegamos al alba. Era domingo y el bus nos dejó a la orilla de un hermoso lago. Él preguntó por la calle hacia donde nos dirigíamos. Quedaba como al otro lado del lago y no había transporte para llegar hasta allá. ¡A caminar! No me molestó para nada, todo lo contrario iba feliz. A pesar de haber dormido casi nada y que no sabía cuantos kms. tendríamos que andar con la carga encima, el paisaje era maravilloso y la compañía también. Cuando ya habíamos andado bastante, preguntamos en una casa si conocía el camping. DSC03802Nos dieron unas indicaciones, estábamos cerca. Seguimos un par de minutos más… hasta que llegamos. Era una casa grande de dos pisos, tenía un portón de madera alto y del otro lado un perro que ladraba.  Tocamos el timbre, golpeamos, gritamos pero nadie apareció. Las ventanas se veían que estaban cerradas. El ladrido del animal era lo único que se escuchaba. Eran como las 7 de la mañana, así que pensamos que podrían estar durmiendo. Decidimos ir a tomar desayuno a un local que estaba abierto. Volvimos. Nada. Seguimos esperando en un lugar, a pasos de la casa, del cual me enamoré y que me inspiró a tener un puesto para atender y ofrecer bebidas y comestibles en un futuro, no se si lejano o cercano. Pueden haber sido ya las 10 de la mañana, no se, pero seguimos intentando y nadie aparecía. Hasta llamó por teléfono y tampoco contestaron.  Nos quedamos sin camping una vez más y partimos a la playa de Itaúna si conseguíamos tener suerte.

Las llaves en Greenpoint

IMG_1768Era mi primer viaje a Estados Unidos. Fui hasta Nueva York, pasaría una semana sola en la gran manzana. Toda una aventura. Decidí arrendar una pieza en un departamento en el barrio de Greenpoint en Brooklyn. Uno de los barrios más cools de la zona junto con Williamsburgh. El dato lo conseguí a través de una compañera de trabajo y el depto resulto ser de una chilena. El sistema era al estilo de airbnb, le deposité la plata antes y tras eso me entregó una montón de información turística, de cómo llegar y cómo entrar a la casa.

Las llaves para entrar estarían en una especie de caja fuerte en uno de los maceteros de afuera. Estaba todo muy detallado. Ese día llegué alrededor de las 10 de la mañana a NYC, luego de un vuelo de casi diez horas. Para llegar a hasta allá ocupé el metro. Desde JFK tomé el airtrain, hice combinación con el subway y de ahí dos combinaciones de línea hasta llegar a la estación donde me tenía que bajar . Fue cansador.  Entre las maletas, estar recién conociendo, y la misma emoción del viaje. Llegué y ahí estaba las cajas fuertes tal como lo indicaba el dibujo. llaves diamondMe sentía como estar jugando a la búsqueda del tesoro y esta era una de las pruebas más importantes para seguir avanzando en el juego. No se si el cansancio me jugó una mala pasada o yo fui muy pava, pero no pude abrir la caja para sacar las llaves. Tenía la contraseña correcta y repetía los pasos tal cual estaban detallados en el dibujo. Intenté como media hora. Me puse nerviosa. Intenté llamar a la dueña de casa pero no tuve respuesta. Quizás habían cambiado la contraseña. Se me pasaron mil cosas por la mente si es que no conseguía sacar las llaves. Desde irme a Boston y cambiar todo el viaje hasta …. no se.. esperar hasta que apareciera alguien que me abriera. Para calmarme fui hasta un café que quedaba a unas dos cuadras. Tomé desayuno, me conecté a internet y traté de averiguar cómo podía entrar al departamento. Finalmente volví. Hice los mismos pasos y mágicamente se abrió. Me reía de mi misma. La forma en que estaba aplicando la fuerza para abrir la caja no había sido la correcta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s