El camping en Araruama

-Cuéntame que te pasó. Quiero saber.

Recién habíamos salido del predio, luego de sortear el enrejado afirmado por  alambres de púas. Era plena madrugada, en la oscuridad de la noche. 

Era el primer sábado de noviembre. Fuimos de viaje hasta Araruama, en la Región de Los Lagos al norte de RJ, un lugar que no es una de las primeras atracciones turísticas en la que un extranjero iría. (por eso me encanta hacer turismo de la mano de un nativo). Como su nombre lo dice, es un balneario a los pies de un gran lago.

Fueron alrededor de tres horas de viaje, ya que había mucho tráfico en la carretera sobre todo al salir de Río de Janeiro. Llegamos con la misión de encontrar el camping en donde nos quedaríamos esa noche. Con la dirección en mano comenzamos caminar para encontrarla. Nos demoramos, finalmente dimos con la calle. Vimos la entrada del camping a lo lejos,  estaba en una esquina. ¡Felicidad! Ahora podríamos dejar nuestras cosas ahí y salir a recorrer por el pueblo.

Sin embargo, no sería así. Al entrar nos dimos cuenta que estaba totalmente abandonado. Era un terreno grande con una edificación sólida pero deshabitada. Al verlo, imaginé como si hubiese habido una apocalipsis zombie o algo por el estilo. Habían arrancado dejando todo tirado sin el tiempo de llevarse nada.

Había una sala grande la cual estaba rodeada de ventanales en madera y daba una vuelta en ele, y justo ahí a la vuelta en el medio había una ruma de libros desparramados en el suelo. Al frente de eso, recuerdo que había un espacio que muy probablemente funcionaba como biblioteca, con una repisa temática. Incluso estaba la Constitución de la República de Brasil. Todo lo que alguna vez estuvo en uso y fue primordial para que funcionara el camping, ahora estaba deteriorado con el tiempo.

El pasto estaba alto y seco. Habían árboles grandes y macizos con sus ramas que se movían al son del viento. Las hojas acumuladas en el suelo crujían. Él se adelantó y comenzó a buscar si había alguien.  Al rato lo seguí. Estaba conversando con un joven que fumaba maconha en un sillón viejo. Comenzaron a hablar ni idea qué. (Qué difícil es entender a los cariocas sobre todo cuando hablan tan rápido!). Al parecer todo estaba tranquilo. Al lugar usualmente venían a fumar a pasar el rato jóvenes y distintas personas que querían un poco de tranquilidad.

– Volveremos a la noche, pero no podemos dejar nuestras cosas acá, me dijo.

Me pareció bien. Pensaba que en algún lugar de ese inmenso terreno podríamos armar la carpa. Mientras pensaba… ¿Cuánta gente habrá disfrutado sus vacaciones ahí? ¿Cuántos amores habrán nacido en ese lugar? ¿Cuántos recuerdos de periodos estivales guarda este camping que ahora sólo esconde vestigios?

Volvimos al centro. O a la calle donde estaba el comercio. Él tenía que hacer una visita familiar cerca de ahí por lo que acordamos juntarnos un par de horas más tarde. Mi misión era recorrer el pueblo, comprar una linterna y un saco. Di unas vueltas, conseguí lo que necesitaba y fui hacia el lago. Bajo una palmera dormí siesta. Sentía una armonía en mi ser.

Nos encontramos en el lugar y hora indicada. Aún era temprano para ir al camping así que caminamos por la orilla del lago. Luego nos recostamos mirando las estrellas nacer e ideando quienes podríamos ser. Después fuimos a la Praca Menino Joao Helis en donde carreteaban (modismo chileno que significa salir de copas, juntarse con amigos y divertirse) los adolescentes. Era como si fueran pleno día. Repleto de niños, niñas, jóvenes diviertiéndose. Era la fiesta del fin de semana, el lugar de reunión. Nos sentamos en un especie de anfiteatro y nos tomamos un vino conversado.

Ya era la hora. Pasado las 12 cerraban el parque así que partimos. Al acercanos, vimos que un auto de policía estaba justo en la entrada del camping.

– Caminemos tranquilamente, me dijo.

No voy a negar, que una sensación de escalofrío me recorrió por dentro. Sin embargo, algo me decía que estaba segura. Nos dimos una vuelta y llegamos donde se termina el terreno, lejos de la entrada. Pasamos la cerca e ingresamos. El escenario era distinto, estaba oscuro, todo crujía, por el viento, los murciélagos, un gato, un perro.. no se… Tenía bien tomada su mano y me mordí la lengua para no gritar en caso de que algo me asustara. No había que hacer ruido.

Tras pasar el bosque, llegamos hasta la edificación. Había que cruzar un pasillo y eso fue al estilo de película de suspenso. Estaba viviendo la propia. Habían varias puertas. Me quedé esperándolo, él las abrió y entró a inspeccionarlas con la linterna.

– Acá. Entremos, aquí nos quedaremos.

Era una pieza pequeña rectangular en donde había un camarote. Abajo no había colchón, en el de arriba sí, o una especie de colchón. No alcancé a mirar bien. Él sacó y estiro su sacó para que durmiéramos sobre él. También dejó ahí mismo nuestras mochilas.

No se que cara habré tenido pero por un segundo pensé ¿dormiré acá? Finalmente me dije, estamos aquí, tenemos un lugar donde pasar la noche. Está todo bien. Me apegué a él para dormir. Sin embargo, con cada ruido que sentía lo apretaba. No quería que se quedara dormido porque si pasaba algo sería la única despierta. Él tomaba mi cabeza para que conciliara de alguna forma el sueño. En mi mente, cada vez que sentía un ruido, imaginaba que eran pasos, de la policía que nos sacaría  o de alguna persona que nos robaría.

Se levantó y salió con la linterna. Volvió casi inmediatamente.

– Es sólo un perro.

Me relajé, y me dormí. Hasta que los mosquitos comenzaron a molestarme. Me devoraron. No se cuanto rato habremos pasado ahí quizás unas 3 horas.

– Es hora de partir.

Tomamos nuestras pertenencias y salimos. También sin hacer ruido. Aún estaba oscuro. La caminata hasta el final del terreno para salir, la hice con el corazón agitado. Era esa sensación de no querer mirar atrás. Salimos.  Prueba superada.

Luego de eso, me reí y sentí gozo. Nunca había hecho algo así en mi vida y él lo sabía. Me gustó. Me dejé llevar, a pesar de que me dio un poco de miedo las circunstancias, también sentí satisfacción de no haberme puesto algún prejuicio o negado a hacerlo. Probablemente no me hubiese quedado otra opción, pero mi disposición era distinta, fue recibir la experiencia que venga sin importar cómo sea.

“Por qué pensabas que podría pasar algo si no estaba pasando nada”. Esa frase me quedó dando vuelta en mi cabeza. Claro, a veces nos ponemos en situaciones trágicas y lo pasamos mal antes de que realmente suceda… Lo aplicaré más en mi vida.

 

Nota al pie: Lo que alguna fue jolgorio y risas ahora está en silencio. Es la hierba y maleza seca que crece y esconde bajo ella esas andanzas de una época de gloria… Convirtiéndose en un especie de sitio arqueológico.

No saqué fotos. La excitación del momento me hizo olvidar. Averigüé y el camping está sin uso desde aproximadamente el 2008 por líos judiciales. Y no es tan sólo este centro si no que otros también. En los sitios de turismo no está actualizado que ya no está en funcionamiento, por lo que lo más probable a más gente le pasó lo mismo que a nosotros. Llegaban y se encontraban con la sorpresa del camping abandonado.

 

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Un comentario en “El camping en Araruama

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