Rutinas: El parque de Padre Hurtado

photo 5Hay rutinas que hacemos por años.  Cuando viajamos es cuando precisamente rompemos con esa rutina, y ésta se transforma en una sorpresa diaria. Hay rutinas que repetimos una y otra vez, como por el ejemplo el camino entre la casa  y el colegio. La casa y la universidad. La casa y el trabajo.La casa y cualquier otro lugar donde debamos ir.

Muchas veces esos caminos se vuelven invisibles, a pesar de que pasemos por ahí todos los días, por años. ¿Nos detenemos a mirar realmente que hay? ¿Será que nos cruzamos con las mismas personas? ¿Las reconocemos? ¿Qué hay en las paredes, hay arboles? ¿De que está compuesto el entorno por el cual paso todos los días, una vez en la mañana y otra en la tarde, principalmente,  de lunes a viernes?

photo 2Durante más de 20 años tomé la misma ruta para movilizarme desde mi casa en Santiago,  para ir al colegio, a la universidad, al trabajo. Vivía a tres casas de una gran avenida. Salía desde ahi, casi siempre cruzando a la vereda del frente, con el fin de no pasar por la casa del vecino, quien no es un ser muy deseable para la sociedad, sino que todo lo contrario.

Luego tenia que caminar tres cuadras por la Avenida Padre Hurtado para llegar hasta el paradero de micro. Lo hacía a veces por la vereda y otras usando la huella de arenilla que era parte del parque.

Cuando era pequeña, siempre imaginaba que ese “gran parque” podría ser de propiedad de mi familia. Que podríamos comprar las casas que dan al frente de éste y transformarlo en un gran patio. Me gustaba también correr por un bajada, simulando un pequeño monte que existía en el camino de este parque. Era mucho mas entretenido pasar por ahí que por la vereda.

Acercandose la primavera, a fines de agosto ya se podía ver las primeras flores que aparecían en los árboles, y más avanzada la temporada era común pisar las ciruelas que caían del árbol. En otra estación del año, la entretención era recojer las castañas.

photo 1Durante toda mi época escolar, mi abuelo casi siempre me fue a esperar a la bajada de la micro. Yo tomaba -en ese entonces cuando no existía el transantiago y sólo las micros amarillas- la 245 o la 237. Ahí bajo el árbol de Eucaliptu me esperaba. En otoño/invierno se entretenía recogiendo el fruto del eucpalitu que luego poniamos arriba de la estufa.

Está el mismo almacén de la esquina “Mario”, el cual mi nana me llevaba desde que era una guagua. Está el kiosko de diarios  y revistas, que en más de una vez desee y, quizás, también pedí que mi abuelo tuviera uno para que yo pudiese leer todas las revistas y diarios que quisiera y gratis. Está el boliche de Seguridad Ciudadana, en el que en un tiempo 80s / 90s era la garita de los colectivos que pasaban por ahí y tomábamos cada vez que íbamos atrasados al colgio.

Ahora, cuando voy a Santiago y vuelvo a hacer esta misma caminata. El parque está ahí, ha cambiado el entorno pero intento descubrir nuevas cosas al andar.

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